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martes, 20 de octubre de 2015

La FED podría -en minutos- devaluar el dólar en 80% - Oro a 5.000 dólares la onza

Así como los BRICS tienen sus medios para "dejar filtrar" información vital y comunicar al colectivo "por donde van los tiros", verbigracia ActualidadRT, occidente también tiene los suyos.

Este es uno de varios artículos que habla sobre la posibilidad que la FED devalúe el dólar americano para lograr inflación y poder reactivar su deprimida economía.

También podría verse como una manera de incorporarse a la nueva geometría Energético/financiero que han implantado (de hecho) los BRICS. Todo girará alrededor de activos tangibles.

A continuación un extracto del artículo en cuestión:
El precio del oro como instrumento para lanzar la inflación

"...la Fed podría lograr su ansiada inflación, en cuestión de minutos, con un simple comunicado al mundo. El precio de la onza de oro tiene una nueva correspondencia que se establece en 5.000 dólares y, con esa nueva política, comprar todo el oro por debajo de esa cotización y venderlo si superan los 5.000. De esta forma, se causaría un aumento generalizado del nivel de precios porque un aumento en el precio del oro de 1.000 dólares por onza hasta los 5.000 es, en realidad, una devaluación del 80% del dólar, cuando se mide en la cantidad de oro que un dólar puede comprar. Esta devaluación del 80% del dólar -frente al oro- generará un efecto contagio en el resto de los precios. Petróleo a 400 dólares por barril y gasolina a 10 dólares el galón… y así sucesivamente. Una inflación masiva producida en el tiempo en el que se tarda en realizar ese anuncio. Una forma eficaz de generar la inflación deseada."

Llevar al precio del oro a 5.000 dólares podría ser el instrumento de la Reserva Federal (Fed) para lograr la ansiada inflación
Por: OroyFinanzas.com 20 de octubre de 2015

(OroyFinanzas.com) – Tras ocho años de políticas de expansión monetaria con la finalidad de fomentar la inflación, la Reserva Federal – Fed (el banco central estadounidense) no ha tenido éxito. Y eso, a pesar de haber utilizado todos los mecanismos disponibles. Sin embargo, situar el precio de la onza de oro en el mercado a 5.000 dólares lograría en cuestión de minutos el ansiado objetivo. Y así ha sucedido ya en el pasado.

Uno de los enigmas de la política monetaria en los últimos ocho años es el fracaso de la Reserva Federal en sus políticas inflacionistas. Desde 2008, la Fed ha imprimido alegremente casi 4 billones de dólares pero su incidencia, en términos inflacionarios y en términos absolutos, no ha tenido mucho éxito ni es perceptible. Los bancos se muestran reacios a conceder créditos y los consumidores tampoco están por la labor de solicitarlos. De hecho, el sector privado se ha dedicado a reducir la deuda, en un ejercicio de “des-apalancamiento”, a diferencia de la expansión sufrida en el aumento de la deuda pública. El ritmo en el que los consumidores gastan su dinero –conocido técnicamente como velocidad del dinero– se hunde como una piedra. Y éste ha sido el factor determinante.

Disminuye el gasto de los consumidores en EE.UU.

Si echamos un vistazo a los gráficos de los últimos años, comprobamos que EE.UU. ha incrementado su base monetaria de los 800.000 millones de dólares de 2008, hasta los casi 4 billones de la actualidad. En el mismo periodo de tiempo, el gasto de los consumidores, o “velocidad” se ha reducido en prácticamente un 25%. Por tanto, aumentar la oferta monetaria por sí misma, no favorece la inflación. Se necesita que ese dinero sea prestado y gastado a su vez y sino, la inflación no llega y suele ser más frecuente que surja la deflación. Y sucede además, que esta situación es favorecida, actualmente a nivel global, porque el mundo se enfrenta a poderosos vientos deflacionarios, principalmente por la demografía y la tecnología.

Estas tendencias deflacionarias crean un problema político importante para la Fed porque los gobiernos buscan la inflación para reducir el valor real de la deuda pública. Además de otros beneficios. La inflación aumenta los ingresos nominales –que no reales– de los trabajadores y ese incremento es susceptible de ser gravado con impuestos. Por efecto contrario, la deflación aumentará el valor de la deuda y disminuirá los ingresos fiscales, pudiendo ocasionar, en última estancia, la quiebra de los Estados. Los gobiernos son, por tanto, los máximos defensores de la inflación y dependen de los bancos centrales para causarlo.

En la actualidad, ninguno de los trucos empleados por la Fed ha tenido éxito. Ni la bajada de los tipos hasta niveles de casi cero, la impresión desmedida de dinero (QE) o la operación “Twist”, han logrado sus objetivos, por citar algunos ejemplos. Y una subida de tipos –como se viene especulando desde hace mucho tiempo- no haría más que favorecer la deflación y allanar el camino para la llegada de una recesión mundial. La peor pesadilla de un banco central es cuando quieren inflación y no pueden conseguirla.

El precio del oro como instrumento para lanzar la inflación

Sin embargo, la Fed podría lograr su ansiada inflación, en cuestión de minutos, con un simple comunicado al mundo. El precio de la onza de oro tiene una nueva correspondencia que se establece en 5.000 dólares y, con esa nueva política, comprar todo el oro por debajo de esa cotización y venderlo si superan los 5.000. De esta forma, se causaría un aumento generalizado del nivel de precios porque un aumento en el precio del oro de 1.000 dólares por onza hasta los 5.000 es, en realidad, una devaluación del 80% del dólar, cuando se mide en la cantidad de oro que un dólar puede comprar. Esta devaluación del 80% del dólar -frente al oro- generará un efecto contagio en el resto de los precios. Petróleo a 400 dólares por barril y gasolina a 10 dólares el galón… y así sucesivamente. Una inflación masiva producida en el tiempo en el que se tarda en realizar ese anuncio. Una forma eficaz de generar la inflación deseada.

Una situación con dos antecedentes históricos para aumentar la inflación con el precio del oro

Aunque parezca una idea inverosímil, no es este un planteamiento original. En los últimos 80 años, esta misma situación se ha producido en los EE.UU. en dos ocasiones. La primera vez fue en 1933, cuando el presidente Franklin D. Roosevelt ordenó un aumento en el precio del oro de 20.67 dólares por onza hasta los 35, un incremento de casi el 75% en el precio del oro en dólares. Una medida adoptada para quebrar la deflación de la Gran Depresión y que se demostró acertada. La economía estadounidense creció durante el periodo 1934-36.

La segunda vez fue en la década de 1970 cuando el presidente Richard Nixon puso fin a la conversión de dólares por oro, rompiendo los acuerdos surgidos en Bretton Woods. Aunque el objetivo de Nixon no era generar inflación, no cabe duda que lo consiguió. El precio del oro pasó de los 35 dólares por onza hasta los 800 dólares en menos de nueve años, un aumento del 2.200%. La inflación en Estados Unidos fue superior al 50% en el periodo comprendido entre 1977 y 1.981, es decir, el valor del dólar se redujo a la mitad en esos cinco años.

La historia muestra que aumentar el precio del oro en dólares es la forma más rápida de hacer brotar la inflación en general. Y que si los mercados no lo hacen, el gobierno puede hacerlo. La historia señala también que esta instrumentalización del oro ha funcionado siempre. El oro no solo subió durante la inflación de los años 70, también subió en periodos deflacionarios (1930), y la historia también nos recuerda los peligros de no actuar de forma controlada, como en la Francia de entonces.

Sin embargo, aunque el escenario señalado no sea muy probable, y la Fed logre su inflación deseada incidiendo en las actuales medidas estándar –con tipos de interés negativos o en una guerra de divisas abierta-, el oro físico sigue siendo el activo a tener en cuenta porque es de los pocos activos que tienen un comportamiento positivo tanto en periodos de inflación o deflación extrema. Y tenerlo en cartera protege al inversor frente a estos dos extremos.

Fuente: OroyFinanzas

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